El oso en el tejado (recopilación de microrelatos)
[1] Huye veloz, Círculo hambriento y frenético, del terrible octopípedo. Sólo la perla mayor hará retrodecer al fantasmagórico perseguidor. [2] Hay que saber por dónde empezar. Una abeja, un cordero, un roble. [3] Una moneda o dos, un cigarrito a veces, le dibujan una sonrisa que suena a agradecimiento. En su sombrero, único y fiel compañero entre el ruido y el frío de la vertiginosa avenida, lleva la esperanza del día.
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Brevísimas anécdotas ferroviarias
Caballero en metro quedó casualmente acomodado detrás y muy pegado de señorita cuyas dimensiones llaman a la vista de varios. Caballero disimula su placer con evidente experiencia. Caballero se da cuenta, al igual que el resto, que señorita no es tal (la antigua confusión entre “muchachita” y “mucha-chota”) y su rostro pasa del disimulo al espanto y busca huir, zafarse de la cercana condición de “apoyo” en la que se encuentra atrapado.
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Caravan serai
Especie de revival, de comienzo tardío, de resucitación a palazos. En casa suenan de fondo un saxofón y unas percusiones en bucle. Y las letras que llaman a la puerta de los dedos y los dedos que aman darle a los oídos el claptone plástico contra plástico y metal, como si de repente fueran también parte de la orquesta y uno que se enorgullece de un aire que no puede compartir con nadie (“el orgullo donde nadie pueda dudar de que lo tenés”), mirando de lado a lado a ver si alguno pasa y se da cuenta que estamos en pleno estado de “cable-jazz” (casualidad lingüística) con el perdón de vecinos, aves y monjes.
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Estúpida locura.
Todo buen filósofo como Sigfredo Sternstaub cuestiona que es locura y que es estupidez, por el dichoso problema que todos lo confundimos con sana facilidad, pero sabemos como él que es injusto y cada cosa tiene su lugar de la misma forma que ambas palabras son bien diferentes y origenes definidos. El más simple ejemplo consiste en que ser estúpido requiere hasta una parte mínima de esfuerzo, aunque no lo parezca.
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Busco hombre
Busco hombre. Tengo una pauta (o no se todavía como llamarlo) en que de una forma u otra casi todos mis clientes actuales en lado laboral profesional son mujeres, o sea clientas. Me percaté cuando de forma “sorpresiva” me hablaron y contactaron dos mujeres de perfil muy diferente para resolver sus respectivos problemas, incluso de entre tantos otros hombres que bien saben más o no saben realmente manejarlo con ellas.
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Sorpresa mayúscula escolar
La situación es la siguiente : en la puerta de un colegio se me acerca una mujer que inocente de mi ni me fijé ni le presté atención debida en su momento, me preguntó si es que venía a buscar a mi hijo, y simplemente le dije que “no”, se quedó de pronto un poco sorprendida o no se si perpleja porque tampoco entendía que hacía ahí esperando (algo tan simple como esperar a esposa por que minutos antes de salida escolar salen maestros).
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Cállese, señor García
Por norma general, uno espera que el día -curioso cómo el significado de esta palabra siempre alude a otra cosa- comience por lo menos inmediatamente después que termina el día (o sea, el anterior). Sin embargo, hay días que insisten en andar como en cámara lenta, estirándose y comprimiéndose al compás de la relativa dependencia del tiempo con la gravedad, más precisamente de la gravedad del estado en que uno se encuentra a la hora misma en que el día ya debería haber comenzado hace rato.
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La iglesia y sus escenas
No les engaño : vivo en contraesquina de una iglesia y eso ofrece a veces un panorama que nunca deja de sorprenderte. Lo mejor de todo es que uno es ateo, agnostico y satánico, con eso me sobra para saber que todo “cuento” que cuentan allá es siempre muy muy complicado de entender, y que no se me ofenda nadie como lector, es que no sirvo, no soporto y me cuesta muchisisisisimo trabajo tener que memorizar nombres, cuentos, versiones y despasiones que solo entiende quien quiere entender.
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Una mano y un gesto es un mensaje claro
Recientemente hemos visto en el día después del terremoto de México (el 19 septiembre de 2017) algunas acciones y reacciones que nos ha dejado quizás con el silencio en la mente, o mejor dicho la respiración congelada, bien pausada por la necesidad y sobretodo por la situación tan crítica como reclamada. Estoy seguro que muchos de los que vieron o pudieron ver las imágenes en tv se imaginaron por un breve instante lo que debería ser la situación tan dificil de controlar, pedir y sobre todo coordinar.
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Invitación en toda la regla.
No me hables de marcas, háblame de ti. No me hables de twitter, no me hables de facebook, por favor no me hables de instagram. Háblame de ti de como eres, donde estás, que tienes y que cosas te gustan más. Háblame por ejemplo que haces y como construyes no tu vida sino una red realmente a tu estilo con tus contactos, o confírmame que estas a gusto en una red de amigos que son únicos, que son particulares y sobretodo que son irreemplazables.
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Pilotaje adquirido
Hay cosas que suceden pero no te das cuenta. Hay costumbres y detalles que se acumulan y luego se manifiestan como normales. Hay momentos que apropias de algo que nunca antes lo habías defendido como algo de tí mismo. El detalle fue que siendo la hora muy muy ajustada para llegar a un compromiso alguien reclamó y gritó para que el estilo de “pilotaje” o conducción fuera aun más agresivo.
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Mi primer diálogo
Lo importante no es el lugar ni la hora, lo importante es que se sentó la situación en donde dos comenzaron a hablar por no tener nada mejor que hacer. - ¿En que situación estamos? - Esta es una muy buena pregunta. - ¿Pero realmente sabemos a que nos atenemos? - En parte si, pero no todo si. Conocemos y alcazamos muchos temas, pero siempre faltan más. - Pero es todo muy variado.
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Mi primer error
Siempre cuando uno hace pruebas (o mejor dicho comienza un campo nuevo) lo más normal es que cometa ciertos errores o sea los primeros, lo sabemos y lo reconocemos, pues es irremediable. Casi lo disimulados, lo odiamos y lo ocultamos… ¡pero es sano!. Es que cometer un error no es automáticamente una mala noticia, mas al contrario simplemente debería ser una buena noticia (de una buena intención) pero quizás no en el momento ni forma más oportuna, simplemente algo diferente y cerca de lo que se pretende alcanzar.
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